La Biodiversidad es la diversidad de ecosistemas, de especies y de
características genéticas presentes en el planeta o en un determinado hábitat.
La biodiversidad resulta esencial para el bienestar humano ya que ofrece los
servicios sobre los que se asientan nuestras economías y sociedades. También es
crucial para los servicios eco sistémicos (los servicios que aporta la
naturaleza) como la polinización, la regulación del clima, la protección contra
las inundaciones, la fertilidad del suelo y la producción de alimentos, combustibles,
fibras y medicamentos.
En la actualidad nos encontramos en una pérdida constante de biodiversidad que lleva aparejadas consecuencias para el entorno natural y para el bienestar humano. Las causas principales de está pérdida son los cambios en los hábitats naturales debido a los sistemas de producción agrícola intensiva, las industrias de la construcción y la extracción, la sobreexplotación de los bosques, los océanos, los ríos, los lagos y los suelos, la introducción y sustitución de especies, la contaminación y el cambio climático. La biodiversidad juega un papel decisivo en la sostenibilidad de nuestro entorno y nuestras vidas, lo cual contribuye a que su pérdida constante resulte aún más inquietante.
En Europa, la actividad humana ha moldeado la
biodiversidad desde los inicios de la agricultura y la ganadería y su expansión
hace más de 5 000 años. Ahora bien, las revoluciones agrícola e industrial de
los últimos 150 años han provocado cambios drásticos y acelerados en el uso del
suelo, la intensificación de la agricultura, la urbanización y el abandono de
tierras. Esto, a su vez, ha desembocado en la desaparición de múltiples
prácticas (por ejemplo, los métodos agrícolas tradicionales) que contribuían a
mantener paisajes caracterizados por su rica biodiversidad.
Los elevados niveles de consumo y de producción de residuos per cápita en Europa implican que nuestro impacto sobre los ecosistemas se extienda más allá de las fronteras de nuestro continente. En Europa, los patrones vitales dependen en gran medida de la importación de recursos y productos procedentes de todo el mundo, lo que a menudo fomenta una explotación insostenible de los recursos naturales fuera de Europa.
En el Convenio sobre Diversidad Biológica de Nagoya de 2010 se
establecieron unas nuevas medidas
globales y europeas diseñadas para frenar y revertir la pérdida de
biodiversidad de aquí a 2020 y son: establecer espacios protegidos (parques
naciones o reservas), realizar estudios sobre el estado de los ecosistemas y
respetar las leyes para la preservación de las especies y ecosistemas.





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